eyc
Newsletter
Por favor, ingrese un email válido
brasilia

En abril de este año, Brasilia celebró su primer medio siglo de vida. Los planos de Lúcio Costa, los edificios de Oscar Niemeyer y la influencia de las concepciones de Le Corbusier, pusieron a Brasilia en la cima de la arquitectura de la vanguardia.

Se dice que al soñar La Plata, Pedro Benoit tuvo como inspiración Los quinientos millones de la Begún, de Julio Verne. En ese libro el escritor francés describe una ciudad en extremo similar a la que luego sería la capital de la provincia de Buenos Aires: un ejemplo del urbanismo y el ambientalismo del siglo XIX.
Brasilia, inaugurada en abril de 1960, podría haberse inspirado en novelas de Bradbury, Huxley o cualquier otro autor de ciencia ficción. Era una ciudad futurista que respondía a la imaginación del siglo XXI.
En realidad, todas estas capitales planificadas – piénsese en Dubai- responden a una decisión política. En el caso de Brasilia fue el presidente Juscelino Kubitschek quien concretó un proyecto que ya estaba presente en la Constitución de Brasil desde 1891, y que se había retomado sin llegar a hacerse realidad en sucesivas presidencias. Trasladar la capital de Río de Janeiro al interior tenía como objeto reducir las desigualdades económicas entre las ciudades costeras y el resto del país. La realización del proyecto se encargó a Niemeyer, quien ya en ese entonces era un arquitecto consagrado, pero el prestigioso arquitecto prefirió que el dibujo de los planos quedara supeditado a un concurso público, aunque se comprometió a encargarse del diseño de los edificios. Por su concepción urbana Lúcio Costa fue el ganador, y el equipo de alucinados se completó con el paisajista Roberto Burle Marx.


Para emplazar la ciudad, tras numerosos estudios, se eligió una meseta desierta localizada en la parte central del país, unos 950 Km. al noroeste de Río de Janeiro y a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar.
Lúcio Costa trazó un plano simple, cuya comparación con un avión o una cruz que apunta al sudeste es más que conocida. La Plaza de los Tres Poderes, donde está la sede de gobierno, equivale a la punta de esa cruz ficticia, mientras que en la parte media se encuentra la amplia avenida Explanada de los Ministerios, en la que se ubica todo el resto de la administración pública con edificios idénticos de nueve pisos cada uno. La última parte de esa cruz la forman los edificios de la administración local, sede del Distrito Federal. Este sería el Eje monumental. El Eje horizontal está integrado por las “supercuadras”, áreas de 11 edificios de seis pisos cada uno situados a una distancia entre ellos que permite la construcción de grandes superficies verdes, donde además hay escuelas, capillas, supermercados, prestadoras de servicios, etc.
Por cierto que el trazado de la ciudad se basó en (y cumplió con) las ideas expuestas en la Carta de Atenas, documento surgido a partir del IV Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (1933) en el que priman las ideas de Le Corbusier, quien lo publicó en 1942. El documento propone pensar la ciudad de acuerdo a la división de funciones urbanas; separar los lugares de residencia, ocio y trabajo. Igual que sucede en Brasilia, en la Carta se sostiene que el área de los edificios del gobierno no debe mezclarse con las áreas residenciales, que las redes de comunicación deben ser amplias y las viviendas no pueden construirse en sus márgenes, y que la relación vivienda/superficie la determinan las características del terreno en función de la luz. Al pie de la letra.
Por su parte Niemeyer (Premio Pritzker en 1988) ya había conocido a Le Corbusier trabajando con Costa en la creación del Ministerio de Educación y Sanidad de Río. Lo habían llamado para consultarlo y con él dio sus primeros pasos hacia el movimiento moderno del que sería introductor en la arquitectura latinoamericana. Sus desnudos edificios de hormigón armado, de estructuras geométricas y fachadas de vidrio son un ejemplo. Son grandes construcciones encuadradas en espacios prodigiosos que obligan a cambiar (o ampliar) la perspectiva: hay que observar desde distancias mucho mayores de las que hasta entonces habían sido habituales para descubrir el aspecto monumental en la composición que forman las construcciones entre sí, la naturaleza circundante y a luz. El resultado es impactante y más prodigiosa que sus construcciones es, sin dudas, la imaginación de Niemeyer.
En Brasilia Niemeyer fue responsable de, entre otros, el Palacio Presidencial, la Catedral y el Congreso Nacional. Cada uno podría ser objeto de una monografía. Sin embargo, el Congreso sirve de ejemplo: un edificio horizontal de tres pisos, con un frente de 200 metros, que acoge al Senado, se ubica en una media esfera; en la otra (invertida) se halla la Cámara de Diputados. El lugar alberga además todos los servicios y más abajo, incluye aún un espacio apto para el personal, para la imprenta y para el público. En medio de las esferas se erige un altísimo edificio en forma de hache cuya barra horizontal oficia de puente entre sus cuerpos independientes. Está rodeado por un lago artificial, más allá del cual se ve la Plaza de los Tres Poderes y, como desde cualquier punto de Brasilia, el horizonte.
El pasado 21 de abril, esta ciudad celebró su 50 aniversario con diversos festejos en las calles, exposiciones, conciertos y fuegos artificiales. Brasilia es la única ciudad construida en el siglo XX que la Unesco consideró Patrimonio de la Humanidad.~

Suscribite a nuestro newsletter y recibí noticias de arquitectura y decoración

Por favor, ingrese un email válido
Arquitectura y decoración

datafiscalTel. 0800.666.0983
+54.0221.483-0074
Fax: +54.0221.422-5938
Av. 19 #668, Torre 1 PB (B1900TQM)
La Plata, Buenos Aires, Argentina