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Pichicuy-Chile. Concebida por Felipe Assadi, fabricada en 45 días, transportada desde Santiago al promisorio balneario en cuatro horas e instalada en seis, esta vivienda modular materializa una feliz contradicción: exclusividad para todos.

Pichicuy es una bahía pequeña, ubicada a 137 kilómetros al norte de Viña del Mar y a 186 kilómetros al noroeste de Santiago. Una zona de promesas para quien sabe ver –como lo fue Mar Azul o Costa del Este hace diez años- una ventana al pacífico de olas temerarias que la comunidad surfer y otros soñadores intentan resguardar de la moda con éxito relativo. No fue –todavía- conquistada por el exceso de lujo expresado en mansiones tan monumentales como gélidas. El estilo de la zona está por definirse y la casa creada por Felipe Assadi es, en ese sentido, un manifiesto.


Fueron las vanguardias artísticas de principios del siglo XX las que impusieron el manifiesto, un género nacido para dar a conocer con claridad combativa las ideas o conceptos que animaban el estilo cultivado, Surrealistas, futuristas, cubistas, no se privaron de afirmar de forma taxativa sus principios, pero tampoco de seducir.
Con idéntica firmeza, la casa que usted ve declara a través de su forma y materiales la concluyente filiación a las bases más extendidas de la arquitectura moderna en su vertiente racional funcionalista: las plantas y secciones ortogonales, la ausencia de decoración en las fachadas, y las grandes superficies vidriadas soportadas por perfiles de acero que resultan en interiores luminosos y diáfanos, no dejan lugar a duda. El expeditivo modo en que fue construida –prefabricada y transportada, reduciendo daños ambientales, costos y tiempos- respalda de manera contundente este parentesco.
Sin embargo, una envidiable facultad creativa propia del arquitecto hace que el apego a la tradición se detenga ahí donde esta es más vulnerable: si se acepta la opinión generalizada de que la arquitectura moderna peca de uniformidad y adolece de deshumanización, hay que resaltar que Felipe Assadi otorga un lugar preponderante a la individualidad del cliente –entendido como un ser humano cambiante- quien podrá transformar su vivienda modular por Internet, combinando, quitando o agregando módulos.
La profunda importancia que adquiere el entorno colabora en la consecución de esa meta tan paradojal como loable: que la facilidad inherente a la producción masiva no se oponga a la subjetividad.
Es por eso que, encaramada sobre un terreno con una marcada pendiente hacia el mar, la casa prevé con su fachada vidriada el invaluable aporte de la naturaleza; con la misma agudeza, la contrafachada tutelada por idéntico material se abrirá a ese fondo salvaje e indómito que sería el parque. El esqueleto de hierro que anima la construcción se exhibe en ambas caras. La madera lo recubre en paredes laterales; el techo abarca también la galería que recorre el frente y, descendiendo con notable aptitud para adaptarse a las sinuosidades del terreno, llega a formar la escalera que engorda hasta ser terraza y encastrada en la pendiente desciende, sin llegar al mar. 
Con ecuanimidad geométrica se proponen, en los 80 m² que la construcción cubre, y en una sola planta, cuatro módulos idénticos de 3,5 x 6 metros. En ellos caben: tres dormitorios (dos en un extremo y el principal en el otro, con atención a la privacidad) dos baños, una bodega a la que se añade un lavadero, y el espacio social, que integra estar, comedor y cocina.
En los interiores, la madera (en una versión más clara) cubre paredes, pisos y cielorrasos, pero no se limita a eso; compone además los diferentes muebles de guardado (bibliotecas, roperos, repisas) que ofician de divisiones entre los módulos; también las mesas y mesadas alrededor de las cuales está prevista la reunión de huéspedes y familia. 
Gracias a la omnipresencia del mentado material y al el hecho de que la única frontera de la casa con el exterior, en frente y fondo, está formada por vidrios de piso a techo, los 80 m² dan la impresión de ser muchos más.
El entorno, la conexión, la posibilidad. Sumando las facilidades de la producción en serie a la contemplación de la singularidad, el arquitecto Felipe Assadi consigue superar la vieja dicotomía de la masividad y lo exclusivo.


Texto: Soledad Franco
Fotos: Fernando Alda

[ INFORMACIÓN ]
Tipo de proyecto: Vivienda modular transportable.
Año: 2014
Superficie: 80 m²
Ejecución total: 45 días

[ PROYECTO ]
Felipe Assadi
Carmencita 262. Las Condes. CHILE
www.felipeassadi.com

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Arquitectura y decoración

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