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La-belleza-de-lo-paradojico-

La fachada de esta imponente vivienda da a la playa y la parte trasera se pierde en el bosque. Es moderna hasta lo indecible pero reenvía a la rusticidad del paisaje. Es la belleza de lo paradójico.

Una paradoja es una figura consistente en emplear expresiones que envuelven una contradicción. La contradicción es constitutiva del ser humano y, puede decirse, se sitúa en el polo opuesto de la razón, pero esconde siempre una verdad y nos devuelve a la realidad, que nunca se corresponde con los, por demás relativos, criterios de la razonabilidad. A menudo los filósofos se sirven de las paradojas para revelar la complejidad de lo real, siendo así, detrás de esta vivienda parece haber toda una filosofía.
En esta casa, imaginada por el arquitecto Federico Marín para dar vida al sueño de una familia, el racionalismo ordenado de lo moderno se complejiza a través de elementos que lo contradicen –por ejemplo, las ventanas elípticas del tercer nivel que imitan los añillos de añosos troncos y la escalinata posterior que vincula la construcción al terreno como si fuesen las raíces expuestas de un árbol que ha brotado en él-, que evitan la deshumanización y uniformidad (peligros siempre latentes cuando se trabaja dentro de los marcos de la arquitectura moderna), remitiendo a la naturaleza y, en ese preciso giro, le confieren la belleza de lo paradójico.


Del gran conjunto de tendencias diversas que conformaron el movimiento moderno pueden extraerse ciertas características comunes: volúmenes ortogonales, con frecuencia irregulares, ornamentación celosamente abolida de la fachada y grandes ventanales ortogonales también. En cuanto a los materiales: hormigón, acero y vidrio. Estos rasgos generales son los que la casa que nos ocupa comparte con tal estética, aunque ciertas elecciones se debieron sobre todo a cuestiones de orden práctico: por su ubicación frente al mar, que produce un considerable desgaste en los materiales, había que optar entre aquellos que soportaran mejor el deterioro; el hormigón visto sin pintar, el vidrio y el aluminio fueron elegidos con la idea de evitar al propietario grandes gastos de mantenimiento.
En cuanto a la estructura, fue resuelta por medio de tres volúmenes ortogonales apilados. El inferior y el superior de hormigón; entre ellos tan sólo una diáfana caja de vidrio.
El nivel inferior contiene los dormitorios con sus baños y un bellísimo comedor; es el nivel menos expuesto, el más íntimo. Sobre él, la caja de vidrio aloja, en absoluta integración, el estar-living-cocina. En correspondencia con su función, de carácter más social, éste será el nivel más abierto. El último volumen pende sobre la caja encristalada reduciendo los apoyos a su mínima expresión. Así, se suma a la lista de los elementos que construyen la belleza paradojal arriba mentada produciendo un efecto de contingencia que contrasta con la impronta de inapelable necesariedad del resto del edificio. Aquí se extienden el estudio y un hidromasaje.

Como una burla a la monotonía, cada nivel es fruto de una configuración diferente y está compuesto por diferentes materiales.
La planta baja exhibe un lustroso piso de madera clara, paredes pintadas de blanco y simétricas ventanas rectangulares.
En el primer nivel, el piso es porcelanato, las paredes son de vidrio y las columnas de hormigón sin pintar. Las expansiones aterrazadas en las que la caja de cristal parece flotar están hechas de una madera oscura y rústica que poco o nada se relaciona con la madera de la planta anterior.
En el último nivel se destacan los aventanamientos elípticos, el piso es de microcemento alisado y las paredes fueron guarecidas con un revestimiento símil madera.
Pese a que desde esta perspectiva (configuración y materiales) cada nivel podría ser visto como una casa diferente, (volviendo al aliento paradojal), la construcción es, al mismo tiempo, un gran continuo que hace sistema con el entorno. Esto es gracias a la forma en que fueron concebidas las circulaciones (que permiten un recorrido sin obstrucciones por los diferentes espacios interiores y exteriores, que, a su vez, se vinculan visualmente por dobles alturas y superficies transparentes) y al mobiliario que amalgama los tres pisos en su estilo moderno y sobrio.
Moderna y rústica, fragmentaria y continua, es la paradoja de la buena arquitectura.

Fotos: Andrés Jamin
Texto: Ma. Soledad Franco

[ INFORMACIÓN ]
Tipo de proyecto: Vivienda Unifamiliar.
Ubicación: Pinamar, Pcia de Buenos Aires.
Superficie construida: 260m² cubiertos /
224m² semicubiertos y expansión
Año de proyecto: 2005
Año de construcción: 2009-2012

[ PROYECTO ]
Proyectistas: Arq. Federico Marín, Arq. Sebastián Berdezagar y Arq. Mariano Martín
Colaborador: Arq. Andrés Jamin
Contratista: Walter Metzler
Ingeniero en estructuras: Asdrubal Bottani
(0221) 410.8282 | Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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