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minimalismo pertinaz Estudio cosas minimas

Luz, función, volumen, espacio, materiales, color. Fundamentos de esta casa que, bajo el sello del estudio cosas mínimas, pone en escena una arquitectura de la transformación.

El extendido error que identifica la estética minimalista con una enorme habitación blanca en cuyo centro hay una mesa pelada pierde de vista dos características insoslayables del movimiento. La primera, su profunda sensibilidad hacia el contexto (qué función debería cumplir una vivienda, para quién, cómo vive y dónde serían preguntas que un minimalista se haría); la segunda: que el lema “Menos es más”, por el que ha trascendido, tiene su complemento en el menos citado “Dios está en los detalles”. Dicho sea de paso, ambos son atribuidos a MiesVan Der Rhoe quien investigó toda su vida las posibilidades plásticas de los materiales según cada caso. Y, lo más importante, ambos son incompatibles con la repetición per se.
Por supuesto, hay constantes: formas rectas, abstracción, ausencia de ornamentación fútil, materiales, entorno y funcionalidad sirven para identificar un modo de crear que apunta a lo esencial. Dentro de esas coordenadas, las diferencias pueden ser más que notables.


Es el caso de esta vivienda que hace con el abc del minimalismo una combinación de estilo único, que recupera la veta artesanal y artística que la precursora Bauhaus le imprimió a lo industrial.
El contexto: la casa fue imaginada para un matrimonio con tres hijos varones pequeños a los que sus padres prefieren no perder de vista. Ocupa 350 m² en una esquina privilegiada de Fincas de Iraola II, ensueño forestal que reúne la belleza del campo y las comodidades citadinas. Debido a que el carácter de esquina del predio promovía una exposición no deseada, Diego Ameal y a Mariana Gizzi –arquitectos de Cosas Mínimas- se inclinaron por conferirle la forma de una “L” que se abre más hacia el interior y el verde privado, aunque no por ello se cierra hacia la calle.

Su fachada es moderna y sobria. Se integra al estilo constructivo del barrio sin dejar de ser única, expresa algo auténtico difícil de transmitir, tiene cimientos filosóficos. El vidrio se luce en la doble altura del espacio que será un estar privilegiado con vistas al frente y al parque con su elegante puente. El uso cauto de este material mimado por la arquitectura actual en la cara se equilibra con su abundancia en el contrafrente, que suprime la dualidad interior/exterior. Esta supresión es gradual y se ve favorecida por una galería semicubierta, en la que se crean, más allá de la parrilla, confortables espacios de diverso uso. La piscina es entonces una continuidad, y el cerco de troncos, el límite natural y necesario. La madera en las aberturas y el hormigón revestido en un neutro blanquecino completan el cuadro.
En cuanto a la distribución, la casa tiene dos plantas y, aunque las habitaciones de la familia ocupan la superior y las áreas sociales la de abajo, en cada una de ellas cabe diferenciar un sector de uso frecuente de otro menos concurrido. Así, el dilatado hall de acceso conduce al animado espacio en el que se disponen cocina-comedor y play integrados por un lado; o al íntimo estar y al comedor principal, por otro.

En planta alta se refleja la misma situación: la privacidad de los padres se resguarda al calor de la suite con vestidor y del escritorio; la bulliciosa ala de los niños aloja un gran dormitorio integrado diseñado para dividirse a futuro y un baño exclusivo para ellos. El nexo entre estas dos situaciones se encuentra en la doble altura desde la que se puede ver el estar con su gran ventanal en forma de “u” invertida.
Funcional, entonces, sin dudas. Luminosa por donde se la mire. Color y materiales son parte de la expresión arquitectónica. Por eso, el blanco conquista pisos, paredes y cielorrasos de la planta baja buscando destacar la madera de los muebles. Aquí y allá los arquitectos crean rincones que asoman al vintage, sin llegar a serlo.
Una lámpara en rojo, la grifería de la cocina, el aura artesanal de las bachas y marcos de espejos de los baños desmienten la idea de que el minimalismo es algo impersonal.
El minimalismo subsiste desde la década del sesenta hasta nuestros días, y los dichos de su precursor, Mies van der Rohe, se remontan a 1930. Lo que esta casa muestra es que, bien entendido, es una filosofía de la transformación, un elemento para crear.•

Fotos: Leandro Arévalo
Texto: María Soledad Franco

[ INFORMACIÓN ]
Tipo de proyecto: Vivienda unifamiliar
Ubicación: Barrio Fincas de Iraola II
Superficie del terreno: 729,7 m²
Superficie construida: 350 m²
Año de construcción: 201

[ PROYECTO ]
Estudio Cosas Mínimas
Arq. Diego Ameal - Arq. Mariana Gizzi
Acc. Colectora Bs. As. - La Plata Nº 3167/3177
Tel: (011) 4256 2695 / 15 6669 4396
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