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Sudáfrica. Acero, muros en blanco y vidrio, palabras perfectas para escribir la poesía arquitectónica del futuro.

Hay poesías (poetas) que se refieren de un modo más o menos directo a temas relacionados con la arquitectura y el urbanismo. Prueba de ello son (por no apelar a Boudelaire-París) los poemas de Borges reunidos en Fervor de Buenos Aires, que narran con nostalgia el paulatino declive de aljibes, verjas y zaguanes, o la ciudad que Arlt describió saturada de neón y zinc, futurista en su momento, luego real, luego superada por la imaginación técnica. Más palmario y no menos inspirado, el Taller de arquitectura, del español José Agustín Goytisolo, libro en el que las poesías son análisis declarados de edificios de, por ejemplo, Gaudí, deja en evidencia cómo este saber artístico repercute sobre las conductas e ideas humanas y, a su vez, se ve condicionado por un ideal social: “En la ciudad futura alta y metalizada/ se hallarán huellas de hoy y alguien estudiará/ lo que fuimos mirando entre espirales/ (…)”, refiere el libro.

No es seguro que la mayoría de nosotros seamos conscientes de cuánto informa respecto de nuestra época la arquitectura. Hay edificios (arquitectos) que se refieren de un modo más o menos consciente a la poesía. Esos edificios pueden interpretarse como un texto que -como todo texto- a veces dice cosas inesperadas incluso para su propio creador. Prueba de ello es esta inmensa mansión sudafricana que en su ordenada rectangularidad parece ver con ojo de águila el caos actual y proponer otra cosa sin caer en la facilidad de lo opuesto. Se podría decir que esta obra tiene co-autoría: el estudio Nico van der Meulen Architects se encargó de la casa en sí y la firma M. Square Lifestyle Design de dotarla de esos interiores perfectos, inseparables de su forma. Desde la fachada se insinúa el protagonismo que el hierro alcanzará en el interior. La preeminencia de este material en la planta alta habla del consabido temor a la intrusión, pero se lo ha trabajado desentendiéndose del enrejado convencional: las varas de hierro que se disponen de manera aleatoria, recuerdan a las construcciones que hacen los chicos con fósforos, y este recurso desestructurante junto con la utilización del vidrio operan en favor de lo humano, quitando rigidez al conjunto. Es interesante que la sumatoria de bloques rectangulares que forman la casa tenga un centro, como si su concepción obedeciese en realidad a una lógica circular. Este centro es la sala de estar, elección que implica la importancia que los creadores (y posiblemente sus clientes) conceden a la vida social y familiar. Por otra parte, a la descomunal amplitud de este espacio que se dilata en una fabulosa explanada semicubierta, se agrega el hecho de que las divisiones con el resto de las estancias de la planta baja –cocina, comedores, sectores creados por el mobiliario mismo- se dan a través de paneles de vidrio, la mayoría de las veces corredizos. Esto y la piscina a la que maravillosamente se abren la sala de estar, el inspirador estudio y casi la totalidad de las áreas sociales, prolonga hasta lo indecible la luminosidad, la espacialidad y las posibilidades de circulación de los privilegiados habitantes. Bajo tales condiciones, el arquitecto puede permitirse que el negro del hierro señoree en tanto estructura más que visible todos los ambientes de la casa, o que uno de los muros del estar sea de oscura piedra, al igual que las lajas-escalones que marcan el desnivel entre éste y uno de los comedores. La escalera que lleva a la planta alta también está revestida en negro. Allí nos encontramos de nuevo con la luz natural y la amplitud como premisas constructivas y el leitmotiv del hierro. Ahora, si la enormidad de la suite es difícil de negar, la de su correspondiente baño rayaría en la desmesura, salvo que, al leer la casa como un poema e intentar asistir a los procesos imaginativos e intelectuales del arquitecto, comprendamos que no fue pensado para cumplir con las funciones básicas de un baño de manera exclusiva; sino como refugio íntimo y privadísimo, espacio de relax y reflexión, lugar para alejarse del mundanal ruido. En cuanto a la decoración, salta a la vista la impronta moderna del mobiliario. El negro es el color dominante. Los detalles en amarillo, a veces un sillón, a veces tan nimios como las pinceladas del cuadro del estar, tienen una fuerte presencia que es producto del contraste. Las esculturas hacen sistema con los reflectores de pie. Esta casa es un poema, como tal es inagotable y susceptible de múltiples interpretaciones, pero dice mucho sobre cómo nos gustaría vivir.

Texto: María Soledad Franco
Fotos: Barend Roberts, David Ross, Victoria Pilcher, cortesía Nico Van der Meulen

[ PROYECTO ]
Nico van der Meulen Architects
www.nicovdmeulen.com
Diseño Interior: M Square Lifestyle Design

[ INFORMACIÓN ]
Tipo de proyecto: Vivienda familiar
Ubicación: Midrand, Sudáfrica
Año Proyecto: 2012

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