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Agradezco la oportunidad de intervenir en la historia en este tiempo en el que uno, como arquitecto, tiene la libertad – entendiéndola como un acto de obediencia hacia la voluntad del sitio – y mejores oportunidades de interpretar el espacio para el bien del ser humano…” – Arquitecto Javier Muñoz, autor  de la casa Heliconías.

En la península de Yucatán, México, y para ser más exactos, en las afueras de la ciudad de Mérida, se erige esta residencia. Una excusa para que sus moradores puedan apreciar desde todos sus ambientes las casi 75 variedades de heliconias – plantas florales traídas de muchas partes de México y del exterior – que habitan en el espacio que dejan libre los 1200 m² cubiertos de esta impecable obra yucateca. Se denominó a esta residencia en honor a la belleza incomparable de este género de flores.
La lectura de esta casa es formal, limpia y contundente, con un equilibrado manejo de volúmenes, espacios y materiales. Un lenguaje austero, sin caer en reiteraciones, donde las líneas sintéticas y elegantes, conjuntamente con las transparencias, son las protagonistas. Esta obra de arte de la arquitectura mexicana, un lugar de distención con estética depurada, se manifiesta a través de un hilo conductor, estructurado por grandes ambientes abiertos al exterior que se conjugan con la variedad de reflejos que aporta la luz natural.
Su continuidad espacial ofrece a lo largo de su recorrido un foco de atención diferente, como el pintoresco diseño del jardín que contiene a la residencia o la cuidada selección de obras que viste cada una de las paredes interiores. Con un plus: una cristalina plaza de agua  - piscina revestida de concreto natural para darle los tonos verdes o turquesas de acuerdo a la estación del año imperante– que se adentra a la residencia, ofreciendo una posibilidad más para el disfrute en todo momento.

El proyecto de arquitectura interior capitaliza la belleza del entorno natural. Una postura de intenso diálogo con el exterior para que los interiores se apropien de él.
A pesar de que casi no existen fronteras que delimitan la geografía de cada uno de los espacios, el estar y comedor son capaces de subrayar su individualidad a partir de una composición bien pensada.
La piedra, el vidrio y el acero cohabitan en sublime armonía. Una combinación de materiales frescos que se adaptan soberbiamente al clima tórrido de Yucatán.
La claridad especular del piso de granito Fiorito clásico, traído de Puebla, resalta la simpleza formal de las piezas de mobiliario – sillones cuyo diseño se inspiró en los de la Casa Roche Bobois – y del tótem de  3.20 mts. de alto, de granito verde Tikal, traído de Guatemala. Una figura plástica de sugestiva belleza formal y estética que no sólo preside silenciosamente el área social, sino también, oculta tras de sí la escalera que se eleva hasta posarse en un pasillo distribuidor ubicado en el nivel superior. Una zona que balconea hacia el estar, induciendo a ser recorrida pausadamente para no dejar de apreciar la importante colección de pinturas cubanas expuestas sobre la pared.
Al finalizar el recorrido de esta galería privada de arte, nos recibe un luminoso y confortable estar que antecede a los dormitorios. Estancias para el descanso y la distracción, dispuestas en los extremos de la planta alta que se abren sin miramientos hacia el exterior, a través de amplísimos ventanales de piso a techo. Así, prolongan espléndidas visuales hacia la exuberante naturaleza y continúan su espacialidad a espacios abiertos – balcones – desde los cuales, además, se puede apreciar la piscina. La cocina es el corazón de la casa. Une los dos volúmenes paralelos de la vivienda – casa principal y casa de huéspedes – como si se tratara del eje central de una hache.
Amplia, luminosa, funcional y con equipamiento de última generación, este espacio se transforma en el ágora de la familia para continuar la tradición de las familias mexicanas.
Un ámbito netamente culinario y de reunión, donde a través de múltiples aspectos del diseño, se buscó imprimir la sensación de que los objetos parezcan estar suspendidos. La isla de la cocina, diseño del escultor yucateco Miguel Suárez, apoyada sobre un solo pie de forma cilíndrica, es apenas solo un ejemplo.
Para lograr el sueño de un jardín en una región pedregosa – tarea difícil pero no imposible - se trajeron rocas de canteras cercanas a la ciudad para crear diferentes desniveles salpicados por pequeñas islas coloridas donde las diferentes especies de heliconias son las vedettes.
Una obra que resiste el análisis de exigentes ya que, desde su inicio, ha sido pensada para el confort, la calidad, y la privacidad, y diseñada para constituirse en un verdadero edén.~

 

Textos: Dis. de Interiores Ana Thorschmidt
Fotografía: Roberto Cárdenas Cabello (Cedidas por el estudio Muñoz Arquitectos Asociados)

PROYECTO
Muñoz Arquitectos Asociados S.C.P.

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Arquitectura y decoración

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