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graduados

De marzo a esta parte, Graduados, la tira de Telefé, no sólo supo meterse en los hogares argentinos sino que logró recrearlos en la pantalla mejor que nadie. De la casa típica judía a las oficinas Mac Can repasamos cada uno de los escenarios.

No quedan dudas que Graduados va en camino de consagrase como el suceso televisivo del año y para algunos la gran sorpresa en materia de televisión. Sin embargo, el éxito de la tira que se emite por Telefé de lunes a viernes a las 21.15 lejos de ser un fenómeno que surgió de la noche a la mañana, está profundamente vinculado con los últimos años de trabajo de la productora Underground. Desde su creación, Sebastián Ortega y Pablo Cullel apostaron fuerte para alcanzar una calidad artística y visual distintiva para sus programas. Y eso se nota, no sólo en la confección de los flashback a los ´80 que retrotraen a los protagonistas en los momentos más destacados de sus adolescencias sino en cada una de las escenas de la vida cotidiana de los personajes. Como explicó el actor Daniel Hendler en una entrevista “no creo que la gente se enganche con Graduados por nostalgia. Lo que sostiene la elección de la audiencia es el cuidado con el que está hecho cada capítulo.”  En Graduados alcanzó que tanto el público como los personajes se sintieran como en casa.

Desde la habitación de Andy hasta la casona de Loli Falsini, cada decorado fue pensado y diseñado por la arquitecta y directora de arte Julia Freid con especial atención en borrar cualquier elemento que remita a la ficción para que parezca que se filmó en locaciones reales. A diferencia de otros programas en los que participó (Lalola, Un año para recordar) el gran desafío  fue “que teníamos que lograr contrastes fuertes entre los decorados. Pero sobre todo, había que lograr que se vean reales; es por esto que tenían que ser de cuatro paredes para que parezca filmado en una locación. Por otro lado, para que el espectador sienta que detrás de cada pared podría haber un ladrillo lo que hice fue utilizar materiales fieles en las terminaciones. Es decir, enchapados, empapelados, madera, hierro en las carpinterías. O sea, trate de lograr que lo que uno tiene a la vista sean materiales reales más allá de la estructura.”
En ese sentido la que parece menos elaborada, la casa de los Goddzer, implicó todo un trabajo de recolección de elementos para abastecer ese universo. Cuenta Freid que al pertenecer a una familia judía “tomé mucho de la historia propia, recuerdos de la casa de mis abuelos, mis tíos y mis padres combinándolos con la necesidad de hacerlo más exagerado para la tele. Reforzar el cliché del judío que vive con toda esa información de la religión sumado a elementos bien de casa de familia como el mantel en la mesa. El dormitorio de Andy en particular tenía que ser un cuarto de la juventud anclado en los `80 y el trabajo fue conseguir los posters y muñecos a los que se niega a renunciar.”

En cambio para Loli, una mujer que a los 18 años quedó embarazada convirtiéndose en madre y esposa demasiado pronto, Julia imaginó que “tenía que vivir en una casa clásica. Por eso busqué una fachada directamente a la calle sin rejas que fuera imponente. Adentro no hay colores estridentes y cada lugar es aprovechado para generar espacios íntimos donde sucedan cosas.” Las escenas suelen aprovechar los rincones: al pie de la escalera en el sillón de doble cuerpo en el que conversan las amigas, el pasillo de las habitaciones con repisas cargadas de libros o en la pieza de Martín, su hijo, divida por una estantería sin fondo.

Aunque la casa judía y en especial la pieza de Andy son celebradas como el mayor logro de la tira para Julia “las oficinas Mac Can lo son en lo arquitectónico. Cuando comencé a pensar en este ámbito supuse que el diseño de la empresa lo tendría que haber encargado Clemente, entonces tenía que ser moderno pero con un toque clásico. La verdad es que en Buenos Aires el revestimiento mucho no se usa entonces, busqué antecedentes en Italia y España. También busqué jugar con la transparencia aplicada a las oficinas porque desdibuja los límites entre los espacios comunes y el privado aunque estos existan.”  

Basado en este contraste entre lo tradicional, lo clásico y lo moderno Graduados logra meternos de lleno en la tira porque reproduce la experiencia que la audiencia tiene en su propia vida adulta. Y las dificultades para encontrar en definitiva un espacio propio.•

Fotos: Prensa Telefé | www.losgraduados.telefe.com
Texto: Daniela Camezzana

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