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Nació en Persia y a través de las islas griegas pasó a los Alpes europeos. Fue un puente entre las dos culturas más desarrolladas en la antigüedad y hoy es una de las flores más preciadas y exóticas en el mundo. Con un adecuado tratamiento, resulta ideal para embellecer cualquier ambiente en el hogar.

Su origen en Oriente Medio, Persia y Grecia la sitúan en los inicios de la civilización. Y la tentación de los poetas a su exótica belleza generó que quede inmortalizada en los primeros intentos de literatura, cuando en medio de guerras por territorios y de muertes por doquier se trataba de configurar un objeto literario con el amor a partir del trágico destino del hombre.
En los relatos, poemas líricos, dramaturgias y narraciones que se ocupaban de los caprichos de dioses que prescribían el porvenir de una extralimitada humanidad, se evocaba, se mostraba, se insinuaba a la Violeta de Persia.
Su arribo posterior a los Alpes europeos le valió el nombre de Violeta de los Alpes y la ciencia botánica moderna la llamó Ciclamen. Hoy su proyección es reconocida en todo el mundo, no sólo por su bellísima impronta o por sus exóticos pétalos que se despliegan sobre sí mismos, sino por ser una de las más populares plantas de floración invernal en una época en la que hay muy pocas plantas en flor. De ahí, que su fortaleza le permita durar varios años siempre que se mantenga en condiciones adecuadas.
Durante las estaciones cálidas suelen permanecer en estado durmiente y van brotando a medida que desciende la temperatura y se desatan las primeras lluvias de otoño. Es ahí cuando despliegan su amplia gama de colores: desde el blanco al escarlata, pasando por tonalidades intermedias rosadas, púrpura y salmón, además de unas particulares hojas acorazonadas con manchas plateadas que forman dibujos.
Si se quiere plantar estas flores en el hogar, lo primero que hay que saber es que deben comprarse con abundantes yemas que aún no abrieron e instalarlas en un sitio que evite el contacto directo con los rayos de sol y con abundante sombra (cultivadas en interiores, necesitan de dosis diarias de luz artificial intensa). Lo importante es conservarlas en un ámbito fresco y húmedo, alejado de fuentes de calor (estufas o calefactores).
Se debe tomar la precaución de airear la tierra y abonarla con fertilizante líquido al agua cada 15 días en pleno período de floración, ya que el potasio es fundamental para la calidad de su crecimiento. Y regar desde abajo, sin volcar el agua directamente en la tierra, ubicando a la maceta sobre un cuenco mayor con agua para que ésta penetre por los agujeros inferiores de drenaje durante unos 15 minutos.
La Violeta de Persia es una muy buena elección para llenar la casa de un impactante colorido natural, partiendo de una especie cuya existencia fue, en su momento, un puente simbólico entre las civilizaciones oriental y occidental.

Texto: Laureano Debat
Flores: Vivero Jardín Avenida 31

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