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En el edificio de la Academia de Ciencias de California, el arquitecto italiano demostró cómo se puede poner en juego la creatividad en la aplicación de las nuevas tecnologías para desarrollar edificios autosustentables que respeten el medio ambiente.

En cada uno de sus trabajos, el arquitecto italiano Renzo Piano logra trascender el mero cumplimiento del pedido para explorar en los intersticios más profundos de la obra y encontrar nuevas funcionalidades insospechadas, marcando siempre un nuevo hito en su ya vasta trayectoria. Así sucedió con el Centro Pompidou de París, el Postdamer Platz de Berlín, el Museo Whitney de Arte Americano y el rascacielos del New York Times.
Y una de sus últimas obras, el nuevo edificio de la Academia de Ciencias de California (situada en el Goleen Gate Park de San Francisco), no fue la excepción.
Aquí, el genovés planteó una edificación ecológica de 10.000 m² en una estructura de acero inoxidable con un vestíbulo de 12 metros de altura y una enorme plaza de cristal con paredes transparentes entre dos grandes cúpulas. La manera en que aplicó las nuevas tecnologías le permitió lograr un edificio sustentable que hoy está considerado como el museo más ecológico del mundo, poseedor de la certificación LEED platino, la mayor puntuación que es posible obtener mediante el sistema LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) impulsado por el Green Building Council de Estados Unidos (www.usgbc.org).
Elegancia, sencillez y soluciones arquitectónicas innovadoras caracterizan a este nuevo diseño de Piano, quien luego de varios días de meditar contemplando la zona en donde debía trazar su obra llegó a la conclusión de que debía levantar un trozo del parque, deslizar el museo debajo y, luego, cubrirlo con el paisaje.


En efecto, el edificio se camufla con su entorno, elevándose sobre un verde césped que lo dota de un “techo viviente” que mantiene siempre fresco el interior y recoge alrededor de 13 millones de litros de agua al año. En esta cubierta verde descansan fresas salvajes, claveles silvestres y amapolas de California, formando un jardín que se estructura en torno a una red de piedras colocadas sobre una malla metálica, que es lo que permite drenar el agua y recolectarla para su reutilización en las áreas verdes e interiores del museo.
A través de un sofisticado sistema computarizado de compuertas y cortinillas (tanto en la cubierta como en el interior) que se abren y cierran permanentemente de acuerdo a las necesidades de los respectivos ambientes, el edificio mantiene una temperatura y humedad óptimas. Su cubierta ondulada, además de simular las siete colinas de San Francisco, reduce la utilización de aire acondicionado, logrando que el aire circule directamente hacia el patio del centro. Los siete montículos también permiten diferenciar claramente desde el exterior todos los espacios que contiene el museo: un centro de investigación, un acuario, un planetario, un aviario, las salas, dos restaurantes, un cine de tercera dimensión, una terraza y una tienda.
“Los museos de ciencia han sido siempre opacos y claustrofóbicos, como si fueran reinos de las tinieblas. Pero este edificio, en uno de los parques más bellos del mundo, tiene que conectarse con la naturaleza. Necesita ser transparente, verde y sostenible para cumplir con su propósito: el estudio de la Tierra”. Las palabras de Renzo Piano se materializaron en el cristal como elemento principal, que dota al museo de una luminosidad absoluta. Tal es su impronta que desde la gran mayoría de los rincones se puede apreciar el parque que rodea al edificio. Se puede decir que el 90 por ciento de los interiores cuentan con luz natural, lo que disminuye el gasto de energía eléctrica hasta en un 50 por ciento.
“Este museo es un regalo a nuestros hijos y a las próximas generaciones. Una herramienta para que la siguiente generación se enfrente al problema de que la Tierra necesita ayuda”, comentó Piano sobre su última performance en la Academia de Ciencias de California, que no sólo alberga en su seno a 38.000 animales vivos sino también a un nuevo y fundamental antecedente para la arquitectura del futuro.~


Textos: Laureano Debat. Fotos: Tim Griffith - Cedidas por la California Academy of Sciencies

PROYECTO
Renzo Piano
nació en Génova el 14 de septiembre de 1937. En 1998 recibió el Premio Pritzker, considerado el Nobel de la arquitectura. Hoy es uno de los arquietctos más prolíficos de las últimas tres décadas, sobre todo a partir de que en 1977 cambiara el curso de la arquitectura moderna con la construcción del Centro Georges Pompidou en París. Incansable innovador y siempre dispuesto a sorprender al mundo con un nuevo proyecto, sus diseños siempre han sido configurados en estrecha relación tanto con el marco geográfico y cultural en el que están asentados como con la función y los destinatarios de los mismos.~

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