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Con la clara idea de lograr una obra simbólica, el Palacio Barolo surgió a comienzos del siglo XX como un monumento a Dante Alighieri. Con una estructura basada en La Divina Comedia, la obra del arquitecto Mario Palanti conjuga la creatividad y el respeto por el entorno.

El italiano Luigi Barolo arribó, en 1890, a la Argentina. En poco tiempo se consolidó como un importante empresario y productor agropecuario. A fines de los años ’10 comenzó a darle forma a un ambicioso proyecto. Con la idea de construir un rascacielos, se puso en contacto con su compatriota y arquitecto Mario Palanti, a quien había conocido por motivos del Centenario de 1910. Palanti nació en Milán, donde cursó sus estudios, y graduado en 1909, le fue encomendado la construcción del Pabellón Italiano de la Exposición del Centenario de la Revolución de Mayo, que se realizó en Buenos Aires un año más tarde. En 1919, Palanti retornó a Buenos Aires, luego de haber participado en la Primera Guerra Mundial como voluntario, momento en el que recibió el proyecto de Luigi Barolo. Éste no sólo pretendía ser el edificio más alto de Buenos Aires, sino que además procuraría ser el monumento a Dante Alighieri en América.
Palanti pertenecía a la logia medieval la “Fede Santa”, que existe actualmente, la cual venera al autor de La Divina Comedia como el creador de la metáfora Infierno, Purgatorio y Paraíso, y que representa a los tres modos de ser de la humanidad: vicio, virtud y perfección. En este sentido, el Palacio Barolo se erigiría como una maqueta ilustrada del Cosmos, al estilo de las catedrales góticas. Emplazado sobre un terreno de 1365 m2, ubicado entre la Avenida de Mayo, al 1370, y la calle Hipólito Yrigoyen, al 1373 (por entonces calle Victoria), entre las calles Santiago del Estero y San Juan, las entradas al edificio se encuentran conectadas por un pasaje de escala monumental.
El edificio comenzó a construirse en 1919, para lo cual fue necesario una concesión especial de parte de la Intendencia, dado que el proyecto estipulaba una altura máxima casi cuatro veces superior a lo permitido para la Avenida de Mayo. El Intendente José Luis Cantilo consideró que la construcción del edificio, con su torre, ayudaría a enmarcar la cúpula del Congreso Nacional, otorgando la autorización necesaria el 3 de enero de 1921. El Palacio se alzó 70 metros sobre la línea municipal, llegando a los 100 en su punto más alto. En los años ’20 por primera vez un edificio alcanzaba dicha altura, superando la cúpula del Congreso.
El Palacio fue inaugurado el 7 de julio de 1923, pero Luigi Barolo no logró contemplar su sueño finalizado, dado que falleció en 1922.


Para la construcción del edificio, los vitrales fueron traídos de Alemania, el mármol de las escaleras de Carrara, Italia, y los accesorios eléctricos de Gran Bretaña. En tanto, los 9 ascensores y los 2 montacargas fueron diseñados exclusivamente. Por otra parte, la carpintería fue de herrería, y a partir del segundo piso, contó con cortinas de madera de enrollar. Asimismo, las bases de las fachadas fueron revestidas en mármol marrón claro con vetas negras. Contando con una usina propia, que lo abastecía de energía, el Palacio fue considerado un “edificio inteligente”.
El diseño del Barolo se presenta como una arquitectura integral, ya que combina el estilo neorromántico, con una volumetría escalonada propia del gótico, en tanto la torre central y la utilización de las curvas, pertenecen al estilo de los templos hindúes.
El edificio es coronado por una cúpula en la que se emplaza un linternón vidriado con un faro giratorio. Su luz, conformada por 300 mil bujías, podía verse desde Montevideo. En 1930, el Ministro de Marina ordenó el cambio del foco del faro, alegando que la potencia de su luz generaba confusión en los barcos que ingresaban al puerto de Buenos Aires. Desde entonces, y hasta 1983, sólo se encendió los 25 de Mayo y los 9 de Julio. La estructura del Palacio Barolo sigue lineamientos de La Divina Comedia de Dante Alighieri, convirtiéndose en el edificio más simbólico de la ciudad.
La planta del mobiliario fue diseñada en base al número de oro y la sección áurea, los mismos parámetros utilizados en la construcción del Templo de Salomón. El palacio se encuentra dividido en tres partes, estableciendo una analogía con la obra de Alighieri. El Pasaje Central representa el Infierno, en tanto las nueve bóvedas de acceso, ubicados a la manera de una nave de una catedral, simbolizan los nueve pasos de iniciación y las nueve jerarquías infernales.
Los pisos superiores y la cúpula del Palacio representan los siete niveles del Purgatorio. Asimismo el faro representa al Paraíso y a los nueve coros angelicales. Sobre la cúpula se encuentra la constelación de la Cruz del Sur, que en los primeros días de junio a las 19:45 queda alineada con el eje del Barolo.
La distribución del edificio está basada en la métrica de La Divina Comedia, conocida en la arquitectura como “Danteum”. La edificación posee una altura de 100 metros, y 100 son los cantos de la obra. Presenta 22 pisos divididos en 11 módulos; la mayoría de los cantos del poema tiene 11 o 22 estrofas. Gran parte del edificio ostenta una estructura circular, la figura perfecta para Dante y los pitagóricos.
La obra fue escrita hacia el año 1300; esa es la causa por la cual el Barolo se ubica al 1300 de la Avenida de Mayo.
El sueño latente de Palanti era construir un edificio de características similares en Montevideo, que otorgara a los visitantes del Plata el recibimiento por dos faros ubicados en las márgenes del río. De este modo, los edificios funcionarían como “Columnas de Hércules”.

 

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