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Deslumbraron a Alvar Núñez  en 1542, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1987 y en noviembre de 2011 calificaron como una de las siete nuevas maravillas naturales del mundo en una votación que involucró a millones de personas.

Según cuentan las crónicas de la época, mudo habría quedado el explorador Alvar Núñez Cabeza de Vaca cuando, en una travesía que lo llevaba desde Brasil hacia Asunción, se encontró sin esperarlo navegando por este paisaje onírico al que rebautizó como Cataratas de Santa María. Los guaraníes, pobladores originarios de la región, lo llamaban Yguasu (agua grande), nombre que con el tiempo y con otra grafía fue recuperado.
Cada año miles de curiosos de todo el planeta surcan los mares y los cielos, atravesando distancias considerables para contemplar las mismas cataratas a las que nosotros podemos acceder invirtiendo unas horas de viaje en micro, en auto o en avión, y una cantidad nada excesiva de dinero. A modo de ejemplo, imaginen qué magias nos ofrecerán estos paisajes, si hasta ellos hubieron de trasladarse: el cineasta británico Roland Joffe para filmar La Misión
(1986) y el director chino Wong Kar-Wai con todo su equipo para rodar Happy Together
(1997). Para nuestra gloria, cualquier estudiante de cine independiente o simple aficionado a capturar la belleza del entorno (con ojos o con cámara) puede llegar a ellas.
Las cataratas son compartidas por Argentina y Brasil, y tanto de un lado como del otro están resguardadas por parques nacionales: Parque Nacional Iguazú, (Argentina, Misiones) y Parque Nacional do Iguaçu (Brasil, Paraná). También están próximas a la frontera entre Paraguay y Argentina, y no será necesario abundar sobre las ventajas de tal ubicación que permite, desde la vista panorámica del lado brasilero con el aditamento de las excursiones nocturnas a las cervecerías de Foz, hasta tomarse una tarde para ir de compras en Ciudad del Este (la tercera zona de comercio libre de impuestos más importante del mundo después de Miami y de Hong Kong) recorriendo unos pocos kilómetros. Sin embargo, si de vivir las cataratas se trata –y con vivir nos referimos a caminar los senderos que conducen a ellas, navegar el río, internarse en la exuberante selva que las circunda y hasta bañarse en sus aguas- el lado argentino es el recomendable, ya que el 80 % de los saltos se encuentran en él. Aquí una somera guía para disfrutarlo.
El viaje debe comenzar en la ciudad de Puerto Iguazú; allí encontrará toda clase de alojamiento y otras atracciones (si desea hospedarse dentro del parque propiamente dicho hay un Sheraton). Las Cataratas se encuentran a 17 kilómetros de ella y si usted carece de transporte propio, un ómnibus local de frecuencia irreprochable lo conducirá a destino o, si lo prefiere, las empresas de taxis y remises le prestarán el mismo servicio.


Ya dentro del parque podrá optar por varios circuitos. A saber: Inferior, Superior, Garganta del Diablo, Isla San Martín y el sendero Macuco. Todos estos circuitos y senderos están incluidos en el valor de la entrada al parque y también hay excursiones destinadas a quienes gustan de las aventuras náuticas.
El circuito inferior: parte de un mirador del que se desciende por numerosos escalones (algunos tallados en la misma piedra). Un conjunto de pasarelas bajan hacia el río permitiendo el encuentro con las cascadas y la selva, pasando por la Garganta del Diablo. Descendiendo por el sendero hacia Punta Peligro podrá, si en ese momento se encuentra habilitado, navegar por el río Iguazú y cruzar a la isla San Martín.
El circuito superior: parte del mismo sitio pero ofrece una vista panorámica muy diferente de las cataratas y del delta del río formado por un conjunto de frondosas islas. Sorprenderá en particular el ruido que hacen las aguas de la Garganta al caer desde aproximadamente 70 metros de altura y las densas columnas de vapor que despiden al chocar contra las rocas provocando una imagen que honra su nombre.
La Garganta del Diablo: es el salto de mayor caudal y altura. Además de contemplarlo por los medios ya descriptos, se accede a ella a través del Tren de las Cataratas, descendiendo en la Estación Garganta del Diablo. A partir de allí se realiza una caminata por una pasarela, que serpenteando entre las islas recorre 1100 metros hasta los amplios balcones ubicados junto al borde y en su frente. Los días de luna llena pueden visitarse al anochecer.
La isla San Martín: posee una playa de arenas blancas. Se llega a ella mediante un plácido paseo en bote que permite apreciar las cataratas desde su propio corazón, con vistas privilegiadas de la Garganta del Diablo, la Ventana en la Roca y el Balcón del Salto San Martín.
El sendero Macuco: es ideal para quienes se enorgullecen de ser peatones. Este sendero se adentra en la selva y conduce al intrépido visitante a una cascada de 20 metros oculta por la frondosa vegetación. En el camino se avistarán monos, coatíes, pavas de monte, un sinfín de bellas mariposas y aves y, ocasionalmente, víboras de coral.
Hasta aquí lo que podemos describir, aunque hay en esos parajes una belleza y una energía para las que no hay palabras. El lector de esta nota debería saber nada más que los otros seis sitios que compitieron y fueron seleccionados junto a las Cataratas como nuevas maravillas naturales mundiales son: la Selva Amazónica; la Bahía Halong, en Vietnam; la Isla Jeju, en Corea del Sur; la Isla Komodo, en Indonesia; el Río Subterráneo de Puerto Princesa, en Filipinas, y la Montaña de la Mesa, en Sudáfrica.

Texto: Ma. Soledad Franco
Fotos: Min. de turismo de Argentina y  Heber guruciaga

 

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