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Una ciudad, construida sobre siete colinas, que rebosa de posibilidad para el descubrimiento. Una oportunidad para vivenciar el pasado en pleno presente.

Hablar de Roma, capital de Italia, es revelar historia y un legado arquitectónico que ha dejado profundas huellas.
Es combinar cautivadoras callejuelas y soberbios palacios, con extraordinario acervo artístico. Es recorrer magníficas iglesias barrocas y monumentos, y su centro religioso: El Vaticano o pasear por las boutiques de las grandes marcas que se congregan alrededor de Plaza España (*).
Quien no camine por Parione, Ponte, Sant’Eustachien y Regola, los cuatro rioni (barrios) del casco histórico, no puede jactarse de conocer Roma. Recorrer las callejuelas de Parione, es una verdadera travesía al pasado.
A lo largo de Via del Governo Vecchio, aflora la Roma antigua en cada una de las fachadas de los edificios del Renacimiento y el Barroco. Este último, presente en la mayoría de las iglesias como, por ejemplo, la iglesia Sant’Andrea del Valle, famosa por haber sido el escenario del primer acto de la ópera Tosca de Puccini o Santa María Della Pace, iglesia de la nobleza romana, por nombrar algunas de las bellísimas iglesias romanas.
El paseo por la ciudad, nos llevará inevitablemente hacia el Coliseo y al Panteón.
El Coliseo (**), comprende el más grandioso anfiteatro de la Roma antigua, construido por los emperadores de la dinastía Flavio. Un ámbito con una superficie cubierta de 19.000 m², y con capacidad para 70.000 espectadores, donde las luchas entre gladiadores se presentaban como espectáculo.
El Panteón de Adriano o templo de todos los dioses, data del siglo II d.C., a comienzos del Cristianismo, convertido, más tarde, en iglesia.
Su belleza arquitectónica, no nace de la materia, de su diseño o ritmo sino, de su amplitud y de las proporciones del vacío que delimita.
En Roma, hay cientos de fontane (fuentes) de una belleza inolvidable: monumentales, ornamentales y surtidoras. Muchas de estas obras de arte, han sido diseñadas por grandes escultores del período Barroco.
Fuentes que engalanan las piazze (plazas) romanas como la barroca y mitológica Fuente del Tritón, en la Plaza Barberini, en el Quirinal, barrio muy de moda en el Barroco, o la Plaza Navona, una especie de museo al aire libre, donde habitan fabulosas obras escultóricas y arquitectónicas. Entre ellas, vale la pena destacar, la Fuente de los Cuatro Ríos, la de Neptuno y la del Moro, obras del Gian Lorenzo Bernini.
En la misma ciudad, se puede caminar por la Plaza del Campidoglio, diseñada por Miguel Ángel o la neoclásica Plaza de San Pedro, de Bernini, conocida mundialmente por ser sede del Vaticano, además de ser famosa por su columnata y su obelisco egipcio, del Circo de Nerón.
Aunque Roma es incomparable de noche, la ciudad del Vaticano, tiene que ser recorrida de día.
La Capilla Sixtina, con los inmortales frescos de Miguel Ángel, plasmados en el cielorraso y en el altar, o los de Rafael, en las fastuosas estancias de Julio II, imprimen en nuestros sentidos, la perfección absoluta de la belleza misma.
El monumental baldaquino, de 29 metros de altura, con sus columnas salomónicas en puro bronce (***) y la impresionante Cátedral de San Pedro, en la Basílica Vaticana, ambas obras de Bernini, son fiel reflejo del período Barroco en Roma.
Para la construcción y decoración de la nueva Basílica de San Pedro, en tiempos de pleno Renacimiento, se convocó a Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci. Destacados artistas y arquitectos de la época que dejaron sus huellas en este magnífico conjunto edilicio, cuya majestuosa cúpula, recorta el horizonte en cada atardecer romano.
Las ruinas de los palacios imperiales de Augusto, Tiberio, Calígula y Séptimo Severo, construidas sobre la colina del Palatino, donde Roma fue fundada y los palacios y villas pontifícias del período Barroco como el Palacio Barberini, en Roma; el Borghese, en el Quirinal o las exquisitas villas Borghese, en las afueras de Roma o la de los Doria Pamphili, en Janículo, son visitas imperdibles.
Roma, una ciudad que colma en exceso los sentidos. Una ciudad que siempre será un monumento para la belleza, la historia y la eternidad.
Una ciudad que no fue construida en un día, indudablemente, pero que no toma más de un día para enamorarse de ella.~

(*) Una de las plazas más conocidas, cuyos atractivos principales son: la escalinata de 135 peldaños, la iglesia Trinita dei Monti y su fuente Della Barcaccia de Pietro Bernini.
(**) En la Edad Media, la poderosa familia de los Frangipane, transformó al Coliseo en fortaleza. Algunos temblores de tierra, derribaron parte del travertino que revestía totalmente su fachada. A partir del siglo XV, se convirtió en una cantera de bloques de mármol. A mediados del siglo XVIII, el Coliseo, fue ofrendado por el Papa Benedicto XV, en honor a los mártires cristianos. Hoy, reflejado en una gran cruz plantada sobre el palco de Nerón.
(***) La construcción de esta imponente escultura barroca, llevó ocho años. Para su materialización, Urbano III Barberini, mandó a fundir el techo de bronce del pronaos del Panteón romano. El bronce sobrante, fue usado para la fabricación de ochenta cañones destinados al castillo pontifício de Sant Ángelo, ahora museo.

Texto: Dis. de interiores Ana Thorschmidt

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