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Nadie pondrá en duda que Brasil alberga varios de los destinos turísticos más concurridos; tampoco que este país, gracias a su vastedad es capaz de ofrecer, aún hoy, lugares no tan populares que se disfrutan con menos plata y más privacidad. Les presentamos aquí a Cabo Frío: un sueño.

Cuando Brigitte Bardot aclamó la belleza de Búzios provocó el eclipse –al mismo tiempo y sin saberlo- de la también incomparable belleza de sus vecinas: Arraial y Cabo Frío. Búzios, que había sido una simple aldea de pescadores, se desarrolló de manera vertiginosa en materia turística y en poco tiempo se convirtió en cita obligada de viajeros de todas partes del mundo que buscaban pisar la misma arena que la diva.
A una distancia de apenas 24 km de allí y a sólo 148 de Río de Janeiro capital, crecía lento pero firme Cabo Frío.
Pese a que su crecimiento se ha acelerado en forma notable en los últimos años, Cabo Frío está casi intacta. Tiene playas como las que sólo se ven en el Caribe, con aguas límpidas y arenas blancas y finas sobre las que uno puede caminar sin quemarse los pies. Tiene dunas, islas, salinas y una vegetación exuberante que contrastan con el mar turquesa y le dan a la ciudad un marco de irrealidad y ensueño. Tiene una movida nocturna importante pero menos enfática y a mejor precio que la que pueden ofrecer sitios aledaños. Como si esto fuera poco, debido a que fue la séptima ciudad fundada del Brasil, tiene el mayor número de monumentos históricos de la región. Con todo, si acaso quedan dudas respecto de un  potencial turístico en aumento que tentará al viajero prevenido a conocer Cabo Frío ahora que aún es accesible, sepan que su aeropuerto fue ampliado y recibe vuelos de capitales como São Paulo, Río, Belo Horizonte y directos de Buenos Aires, y que la ciudad también fue escogida por la red francesa Club Med como sede de su cuarto resort en el país a inaugurar en el 2013.
Iniciemos el recorrido por las playas. Hay que saber que esta ciudad (bañada por el Océano Atlántico y por la Laguna de Araruama) cuenta con más de 30, entre las que se destacan la Praia do Faro y Praia do Forte en el centro. Una de las perlas de la región es Arraial do Cabo donde se encuentra la imponente Gruta Azul y la playa Pontal do Atalaia. Un dato importante es que la temperatura media anual del agua oscila entre los 15 y los 20ºC: dos corrientes oceánicas convergen en el lugar, la del Brasil (cálida) y la de las Malvinas (fría), haciendo del Cabo un nirvana para la fauna marina y, por supuesto, para el buceo y otros deportes náuticos.
La Praia do Forte (Playa del Fuerte) está acordonada por dunas; una espaciosa vereda en la que conviven caminantes y deportistas la circunda, y a cada paso hay bares, restaurantes, discos y pubs. Está llena de puestos donde se pueden comer exquisitos mariscos y tiene vida de día y de noche.
Para pasear se recomienda el Boulevard Canal, que ofrece también restaurantes, bares, y hasta un museo con obras del pintor modernista Carlos Scliar. Allí se encuentra el afamado bistró Le Café Noir, de obvia impronta francesa, catalogado como imperdible por todos aquellos que tuvieron la suerte de hacerle una visita. La “calle de los bikinis” (Gamboa en realidad) concentra más de cien tiendas especializadas en ropa de baño una junto a la otra; el visitante encuentra además de precios mucho más bajos que en los shopping de la ciudad, las últimas novedades de la temporada. Más natural pero igualmente imperdible es la caminata en subida (diez minutos a pie) al Mirante do Morro da Guia, desde el que se obtiene la mejor vista de la ciudad.
Los monumentos históricos abundan, pero es imposible partir sin visitar al menos el Convento de Nossa Senhora dos Anjos –ubicado en la plaza de San Antonio, muy cerca del Morro- con su bien preservada iglesia del siglo XVII y, por supuesto, el Forte São Matheus. Este fuerte corona la cima de un promontorio en uno de los extremos de la Praia do Forte, muy cerca del centro urbano y del Canal de Itajurú, y fue construido en 1620 con el objetivo de impedir el paso de barcos extranjeros que llegaban en busca de especias.
Puede comer riquísimos “salgados” y productos de mar en cualquier puesto callejero o en la playa, pero para paladares más exigentes se recomienda el restaurante Picolino, uno de los más tradicionales de la ciudad, o el Galápagos, especializado en pescados y frutos del mar. La crepería Chez Michou es la filial de la famosa casa de Búzios. 
Y ahora que ya sabe adónde acudir, relájese y disfrute de este paraíso en alza en la tierra de la samba y el pandeiro.

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