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A orillas del río Moscova se levanta imponente Moscú. Capital de la rusa zarista desde fines del siglo XV y de la URSS, a partir de 1917, conserva hoy ese título al que se añade el de centro político, cultural, comercial, y científico más grande de toda Rusia.

Hay innumerables razones para visitar Moscú y no es la menor una historia teñida de romanticismo, mitología y heroicidad que ejerció su influencia sobre toda la cultura occidental. La ciudad, fundada en 1147 por el príncipe Yuri Dolgoruki de Rostov y devenida capital de un imperio que finalmente abarcaría la actual Rusia y otras tierras bajo el reinado de Iván III, tuvo sólo un paréntesis en su larga primacía (cuando en 1712, el ansia modernizadora de Pedro el Grande traslada la capital a San Petersburgo en la costa del mar Báltico) y la reconquistó con la Revolución de Octubre hasta la actualidad.
Solemos asociar Moscú vía films (y por extensión toda Rusia) a la nieve y a los ousanka (los gorros de orejeras flexibles), a la KGB, al Ballet Bolshoi, al vodka y al Kremlin. Pero Moscú tiene mucho más que ofrecer, y con la disolución de la Unión Soviética, la ciudad que siglos atrás diezmara con astucia las numerosas filas del invencible ejército napoleónico, incorporó a una mixtura étnica expresada en particularidades arquitectónicas, gastronómicas e idiosincráticas, rasgos de típicos de las metrópolis más prestigiosas. El resultado de esta incorporación más o menos reciente (1991) es encantador. Aquí un breve atisbo a lo tradicional y a lo nuevo.
La visita al Kremlin no está en discusión, pero si usted no quiere agotarse recorriendo las 28 hectáreas que ocupa tendrá que elegir arbitrariamente entre unos pocos de los varios monumentos levantados a lo largo de seis siglos, (incluyendo la vasta muralla con sus 20 torres) cada uno de los cuales dejó su impronta en la imagen arquitectónica de lo que se define como el centro histórico más antiguo de la ciudad. Sugerimos: las catedrales de la Asunción, (aquí se coronaban los zares y se puede visitar la tumba de Iván el Terrible); del Arcángel San Miguel y de la Anunciación; la Cámara de las Facetas, que es el edificio civil más antiguo de Moscú y ostenta una fachada revestida de piedra blanca formando facetas, de donde le viene el nombre; El Campanario de Iván el Grande, una torre de 81 metros de alto que se considera una maravilla del arte arquitectónico de principios del siglo XVI; el Gran Palacio, construido en el año 1849 al estilo europeo, en cuya segunda planta están las salas de gala entre las que se cuenta la sala de San Jorge, considerada la más hermosa del palacio; y el edificio de la Armería, un museo de tesoros de los grandes príncipes rusos que fue fundado en el siglo XIV por el gran príncipe moscovita Ivan Kalitá y reconstruido en el año 1851 por el arquitecto K. Thon.
Otra visita inexcusable es la Plaza Roja, que separa el Kremlin del histórico barrio de comerciantes de Kitay-gorod. Se dice de esta plaza que no sólo es el epicentro de Moscú sino quizás de toda Rusia, por las maravillosas vistas que ofrece. Allí se sitúa la famosa Catedral de San Basilio, finalizada en 1561 y mundialmente conocida por sus acebolladas cúpulas de colores, claro ejemplo de la influencia de la arquitectura bizantina; el Museo Nacional de Historia, considerado como el tesoro nacional de Rusia y construido por Alejandro II en 1872, cuyas salas están adornadas con atributos de los distintos períodos a los que representa, que van desde la antigüedad hasta comienzos del siglo XX ; y el GUM, uno de los centros comerciales más grandes del mundo y ejemplo de las transformaciones que sufrió Rusia hacia el 90. El GUM, que fue construido por Vladímir Shújov en época soviética y después privatizado, cuenta con un puente e innovadoras bóvedas de metal y cristal, siendo una muestra de la arquitectura del período. Actualmente allí se exhiben las marcas más caras del mundo.
Un caso que sirve para ilustrar las mixturas y contrastes de los que hablamos está dado por el proyecto Moscow City, del arquitecto inglés Norman Foster, que dará una nota ultramoderna en las mismas orillas del Moscova.
Una mención aparte merece el Metro de Moscú, que más que un metro resulta una galería de arte en la que cada estación está diseñada de una manera diferente, en alusión a acontecimientos históricos.
Por último, se cuenta que la noche de Moscú, que cobró fama de descontrolada y licenciosa luego de la caída de la URSS, se habría ido serenando con los años y en el presente lo tiene todo, desde nostálgicos pubs escondidos en angostas callejuelas hasta mega discos y restaurantes de súper lujo. Y, aunque la oferta gastronómica es muy variada e incluye todo tipo de sopas para ahuyentar al frío, dicen que lo más eficiente es resolver esta última cuestión con un buen vodka, acompañado de caviar negro sobre  blinis.~

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