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Madrid. Transatlántico, nave espacial, legendaria ciudadela perdida; la polisémica vivienda creada por el estudio A-cero concilia lo ultramoderno y el mito bajo la modalidad de crucero.

El término crucero se aplica a aquellas naves o barcos que son acondicionados para realizar largos viajes en los que se ofrece lo necesario y más a los felices pasajeros. Al igual que la casa que nos ocupa, los cruceros despliegan una seducción sostenida en la promesa de diferentes escalas, puntos escogidos dentro de una travesía que es en sí misma propósito y no medio. Casa y crucero comparten un entusiasmo por el movimiento, la posibilidad y la aventura de lo nuevo. Inseparable de este afán, subyace a la casa y a los cruceros, el anhelo del retorno a un origen mítico, puro y tenaz.
La vivienda se ubica en Pozuelo de Alarcón, localidad separada apenas por 13 km de Madrid. Es esta una cercanía que, lejos de impedir, favorece al municipio que agraciado por amplios espacios verdes repartidos entre valles y colinas, cruzado por abundantes arroyos y muñido de cierto aire de aristocracia rural –que arrasado en lo edilicio en la guerra civil subsistió en el espíritu de los vecinos- fue convirtiéndose en favorito de las clases acomodadas en búsqueda de serenidad y confort.


El hormigón gris horadado por líneas horizontales que da cuerpo a las plantas superiores de esta casa de fábula se curva como la roda de un yate. Escondida por el declive del terreno, la base, efectivizada en cerámico blanco para realzar la condición escultural del edificio, no se ve desde la calle. Es un prisma que alberga funciones varias y estéticamente remeda un pedestal. Un espejo de agua, elemento omnipresente, se extiende sobre el techo de este nivel soterrado. La maciza puerta toledana que establece la entrada principal junto a los geométricos muros que la acotan cifran el alma del proyecto: lo posible. Antiguo templo maya, manifestación de una imaginación futurista a lo Star Wars, se admiten todas las fantasías.
La parcela en la que se emplaza parece no tener fin, pero abarca 4.900 m² de los que la casa ocupa 1.750.
La puerta de entrada conduce al amplio recibidor en el que se exhiben obras de arte. El hall articula las estancias de la planta baja: estar y comedor deslindados por un sutil biombo, la cocina, el office y la suite principal, el gimnasio, baños y una piscina interior. El comedor, el estar y la suite se extienden en una terraza merced a un ventanal de 15 metros que se esfuma cuando los propietarios así lo quieren mediante un ingenioso sistema que lo confina al sótano. 

En una esquina del salón, eclipsadas por la chimenea, crecen las escaleras que conducen al nivel que llamamos sótano, que se abre al jardín mediante enormes paños de vidrio. El cuarto de juegos, los vestidores de la piscina exterior, la bodega y la sala de cine, además de la zona de servicio y las instalaciones de la vivienda, encuentran aquí su lugar. El tercer nivel es patrimonio exclusivo de un estudio de pintura, que, dicho sea de paso, señala el lugar que la creatividad ocupa en el diseño: el más alto.
La decoración y el mobiliario, en su mayoría creado por el propio estudio, exhiben un sesgo ultramoderno interrumpido por piezas históricas, como el aljibe del recibidor.
Las paredes grisáceas de las plantas superiores y el piso de porcelanato blanco establecen una continuidad que se aúna a la luminosidad y a la amplitud casi exagerada de los ambientes que se afirman como territorio de posibilidades. Entre ellas, los arquitectos adhieren al blanco, posiblemente en atención al rasgo de claridad máxima que, plasmado en superficies pulidas, como la seda de los sillones del estar o el Corian de la isla de la cocina, abonan el concepto de cambio y movimiento que parece sostener la casa.
Esos muebles no tienen pasado, no refrendan costumbres. Están allí como promesa de libertad de hábito; las antigüedades intervienen como un homenaje exento de melancolía al origen; el sesgo oriental del jardín en complicidad con el de los cuartos reenvía a la polisemia fundante.
Las partes integran un todo que invita a vivir como de viaje. Cambiando, en movimiento. Un viaje de placer.

Texto: Soledad Franco
Fotos: cedidas por A-cero

[ INFORMACIÓN ]
Proyecto: Vivienda Unifamiliar
Ubicación: Madrid, España
Superficie Terreno: 4.900 m²
Superficie construida: 1.750 m²


[ PROYECTO ]

A-cero
Joaquín Torres, director
Rafael Llamazares, arquitecto colaborador
Jardinería y paisajismo: diseño A-cero
www.a-cero.com


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Arquitectura y decoración

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