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Una lírica interpretación de la relación entre la arquitectura y la naturaleza.

Desde las entrañas de la Pacha Mama peruana, se asoma, tímidamente, esta más que interesante pieza escultórica de la arquitectura contemporánea que, mimetizándose con el cerro que la contiene, se materializa sutilmente en Pachacamac, a 40 km. del mundanal ruido de la pintoresca ciudad de Lima en Perú.
Esta casa, inmersa en el profundo silencio que impone el lugar, exhibe orgullosa una lírica interpretación de la relación íntima entre el hombre, la naturaleza, su arquitectura y el concepto elemental de vivienda, transmutándose en un refugio celestial para sus ocupantes, una pareja de filósofos.  
A partir de este pensamiento, su autor, el arquitecto Luis Longhi, obtuvo total libertad para diseñar, poniendo alas al viento a su filosofía de creación, basada en los aspectos instintivo e intuitivo, más que en el proceso racional de razonar al momento de diseñar.
Su vocabulario arquitectónico se compone de rasgos orientados hacia la materialización de una arquitectura contemporánea con clara impronta inca.
En sus propias palabras, “es fundamental escuchar el entorno y establecer una relación como cualquier otro tipo de relación humana, así sea directa, sofisticada, romántica, respetuosa, sana o insana. En mi caso, es muy directa, por ende, es intuitiva y sensible, sin mayor análisis racional.”


La propuesta de este destacado profesional, ante las condiciones climáticas y la topografía del lugar, fue la de enterrar la casa en el cerro, integrándola hábilmente al rocoso y accidentado terreno, tratando de crear un diálogo armónico entre su arquitectura y el paisaje natural circundante, donde el adentro y el afuera, se convierten en una constante interpretación de materialidad, con un fuerte sentido de protección y apreciación de luz y sombra.
Este audaz proyecto, cuya simplicidad geométrica se oculta bajo la aparente complejidad en la organización de las relaciones activas entre llenos y vacíos, se desarrolla, en forma apaisada, a lo largo de una planta longitudinal, en dos niveles, cubriendo una superficie total de 480 m².
Como si el viento y la lluvia hubieran erosionado delicadamente la punta del cerro y descubierto, paulatinamente, un “tesoro habitable”, esta vivienda, que sutilmente eleva los sentidos más profundos, se asoma como una parte más de un organismo lleno de vida.
Desmaterializándose virtualmente en su fachada posterior a través de una caja acristalada de doble altura, la casa nos muestra la respetuosa intervención de su arquitectura sobre la naturaleza, quién acoge, sin miramientos, su juego sereno pero, a la vez, dinámico, de planos y volúmenes cristalizados por medio de materiales naturales y orgánicos.
Un acertado contraste de sensaciones cálidas y frías, se produce entre el hormigón y la obra de sillería con la madera y el vidrio, donde, además, se tuvo muy en cuenta el cuidado del medio ambiente, a través de mecanismos de sustentabilidad, como el aislamiento térmico en cubiertas y muros perimetrales.
La continuidad entre el interior y el exterior es establecida con fluidez, de manera que, no sólo el conjunto edilicio parece esculpido en la roca, sino, también, el espacio interior.
En la planta alta, se desarrollan áreas habitables abiertas, divididas por patios interiores, vinculados por un eje de circulación lineal, quedando iluminados naturalmente por una composición abstracta de diversas caladuras en los muros que, como una síntesis formal de claristorios, generan una atmósfera de misterio y recogimiento.
Las estancias del piso inferior, en cambio, están dispuestas a lo largo del corredor, siguiendo la organización lineal de la casa, la cual esta condicionada por la morfología del cerro.
La ambientación de sus interiores es una composición austera, basada en un lenguaje puramente geométrico.
Al recorrer cada uno de sus espacios, se tiene la sensación de estar recorriendo el alma de una magnífica escultura al límite de la severidad del cubismo, creando sobre las superficies planas y rugosas de los densos muros, una acumulación de perspectivas contradictorias entre planos troquelados y volúmenes en relieve, una oposición ritmada que engendra el movimiento en la inmovilidad, añadiendo al lenguaje estético–formal, un hecho enteramente decisivo: el espacio real, el contraste de lo lleno y vacío, un juego místico de luz y sombra.
A pesar de su sobriedad y austeridad formal, el mobiliario empotrado y fijo es añadido sin ser víctima de las trampas del minimalismo.
En Pachacamac, “el diseño elocuente, interpreta la poética del espacio (Bachelard, 1958), elevando el nivel de esta casa peruana, sobre el santuario donde la vida humana y las transiciones de sus etapas evolutivas son ampliamente bendecidas.~

Texto: Dis. de Interiores Ana Thorschmidt
Fotos: Arq. Luis Longhi


PROYECTO:
Arq. Luis Longhi
Equipo: Carla Tamariz, Verónica Schereibeis, Christian Bottger.
www.longhiarchitect.com
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Calle 14 Nº 169. Corpac.
San Isidro. Lima. Perú.
Fuente: WA Community Awards

INFORMACIÓN:
Nombre del Proyecto: Casa Pachacamac.
Ubicación: Pachacamac, Lima, Perú.
Función: Casa de retiro
Fecha del proyecto: 2006
Fecha de finalización: 2009 (I parte)
Área: 480 m²


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Arquitectura y decoración

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