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Detrás de la simpleza de su fachada esta vivienda esconde una idea compleja que apunta a la integración y a la luminosidad. El resultado es el nivel máximo de confort y elegancia.

Como las metáforas, que suelen condensar en pocas palabras múltiples significados e ideas complejas, esta casa, diseñada por los arquitectos Diego Ameal y Mariana Gizzi para el estudio Cosas Mínimas, oculta detrás de la economía de su forma una solución creativa y funcional a los requerimientos de los clientes en cuestión (un matrimonio con dos hijos adolescentes), cuyas necesidades y exigencias, sin embargo, podrían ser las de cualquier familia moderna. A saber: vivienda integrada al entorno y en sí misma (sin espacios residuales), y con una iluminación full obtenida de ese mismo entorno al que se integra. Una casa en la que absolutamente todos los espacios sean aprovechables, sin rendir tributo a la idea de la mera ornamentación vacua pero, al mismo tiempo, sin desatender el confort visual; donde cada uno de los integrantes de la familia disponga de lugares que posibiliten privacidad e independencia de movimientos y, al mismo tiempo, conexión con el resto.


A este sueño compartido se ingresa a través de una fachada que lejos de todo barroquismo, se define por sus líneas netas. Esto, sumado al blanco pulido de su revestimiento y a las amplias superficies acristaladas, habla de una estética moderna cuyos principios se reflejan también en las elecciones de la decoración interna.
Vayamos por partes: el planteo general se basa en la premisa de que los espacios más importantes tengan las mejores vistas al exterior, sobre todo a la pileta y al jardín.
La planta baja está compuesta por un estar y cocina comedor sin divisiones, el playroom o sala de chicos y una galería con área de parrilla conectada en la que una barra con instalaciones permite que las visitas de los hijos adolescentes se manejen sin necesidad de ingresar a la cocina interior. Esta planta se completa con una habitación de huéspedes con toilette; cochera y baulera.
Cabe destacar que el playroom es casi una caja de cristal. La luminosidad consecuente es tal que no sólo permite que los sillones y hasta las cortinas se hayan escogido en negro sin que esto entrañe la posibilidad de achicar o privar de luz el ambiente, sino que se genera el efecto de que el parque está allí dentro también; la impresión de que uno podría zambullirse desde el sillón en las aguas plácidas de la maravillosa pileta, uno de cuyos extremos penetra en el área cubierta de la galería.

Este espacio para los chicos tiene un acceso independiente desde el exterior pero se vincula de forma flexible con la vivienda por medio de un área central creada por un cantero que la une precisamente con el estar-cocina-comedor. Esta unión logra además que el verde vuelva a ingresar a la vivienda.
El blanco despampanante del estar-cocina-comedor hace sistema con el de la fachada y se extiende por todas las paredes que no son de vidrio, también por los pisos, el cielorraso y el mobiliario. Una blancura apenas interrumpida por detalles en rojo: una lámpara, unas velas, un centro de mesa, alguna silla y una pared. El objeto de esta última parece ser lograr mediante la repetición de colores un diálogo fluido con los ambientes de la planta superior, una transición más graduada.
Así, la escalera por la que se asciende a la planta superior se rodea de paredes rojas. La madera que la reviste preanuncia la de la totalidad de los pisos de esta área que acorde con su función de alojar las habitaciones de los propietarios, se va volviendo más cálida e íntima.
En concreto, esta planta está posee dos alas, una alberga una suite principal con espacios interiores sectorizados y vestidores con vista a la piscina y al jardín; la otra, dos dormitorios independientes (los de los hijos) con vestidores exteriores y baño, y una sala de pintura para actividades de ocio. Ambas se vinculan por un puente con vista al estar a doble altura y al jardín.
En las habitaciones de los adolescentes una pared en azul intenso acapara las miradas. El resto se resuelve con muebles y cortinas blancas y madera en los pisos. Sencillos y acogedores, hacen honor a su función de dormitorios, puesto que es claro que la casa dispone de otros espacios más adecuados para cualquier otra actividad que gusten desarrollar.
La suite también evidencia esa agradable mixtura de cálida austeridad y funcionalidad: la primacía del blanco y los detalles en rojo que la hermanan con el espacio social de la planta inferior, el vestidor revestido en madera y su imponente baño con jacuzzi regalan a los ojos elegancia.
Visualmente simple y elegante, esta casa es la proyección de una idea compleja que logra efectivizar el sueño moderno y racional de unir forma y función.•

Texto: Maria Soledad Franco
Fotos: Leandro Arévalo

[ INFORMACIÓN ]
Tipo de proyecto: Vivienda Unifamiliar
Ubicación. Fincas de Iraola II. Hudson.
Superficie del terreno 850 m²
Superficie construida 455 m²

[ PROYECTO ]
Arq. Diego Ameal - Arq. Mariana Gizzi
Lisandro de a Torre 1532. Berazategui
Tel. 4256-2695
www.cosasminimasdesign.com.ar

 

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Arquitectura y decoración

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